¿Tu perro ha empezado a cojear después de un paseo? ¿Estornuda de forma repentina o sacude mucho la cabeza? ¡Anda con ojo!
Con la llegada del buen tiempo, los paseos por el campo se convierten en uno de los mejores planes para disfrutar junto a nuestro peludo. Pero entre mayo y agosto también aparece un pequeño peligro capaz de causar bastantes problemas: las espigas.
Una espiga clavada en un perro puede parecer una simple molestia al principio. Pero lo cierto es que estas semillas pueden introducirse bajo la piel, avanzar hacia el interior del cuerpo y provocar complicaciones si no se retiran a tiempo.
En este artículo te contamos qué son las espigas en los perros, qué síntomas provocan según la zona afectada y cómo debes actuar. ¡Toma nota!
¿Qué son las espigas y por qué aparecen en verano?
Las espigas son semillas secas de distintas gramíneas de la familia Poaceae. Son muy frecuentes en primavera y verano, cuando las plantas se secan y las semillas se desprenden con facilidad.
Durante los meses más cálidos, las espigas se acumulan en los caminos, cunetas, parques, solares y campos secos. Basta con que tu perrete corra entre la hierba o se acerque a olfatear para que una de ellas quede enganchada en su pelo.
El principal problema es su estructura afilada. La punta facilita que la espiga se introduzca en la piel del animal, mientras que las pequeñas barbas que la rodean impiden que retroceda. Es decir, cada movimiento de tu perro puede hacer que avance un poco más y después resulte imposible de expulsar.
Por eso las espigas y los perros no hacen una buena combinación. Aunque al principio se queden atrapadas entre el pelo, pueden terminar clavándose en una almohadilla, entrando en su oído o alcanzando una fosa nasal.
Y, como ocurre con otros riesgos propios del verano, lo mejor es anticiparse. Por cierto, puedes consultar también nuestros consejos sobre cómo refrescar a tu perro en verano para proteger a tu compañero en la época estival.
¿Por qué son tan peligrosas las espigas para los perros?
Las espigas son peligrosas porque no suelen quedarse quietas en el lugar donde se clavan. Pueden avanzar a través de la piel y los tejidos, causando dolor, inflamación e incluso infecciones. En los casos más graves, una espiga puede provocar un absceso, una otitis, un granuloma o migrar hacia el tórax y afectar al pulmón.
El principal problema es que una pequeña herida por una espiga en un perro puede cerrarse por fuera mientras la semilla continúa avanzando por dentro. Esto hace más difícil localizarla, y los síntomas pueden reaparecer varios días después.
Entre las complicaciones más frecuentes encontramos:
- Infecciones. La espiga arrastra bacterias hacia el interior del tejido.
- Abscesos. Puede formarse una acumulación de pus bajo la piel.
- Granulomas. El organismo reacciona frente al cuerpo extraño y genera una inflamación persistente.
- Otitis. Una espiga en el oído del perro irrita el conducto auditivo y puede llegar a dañar el tímpano.
- Lesiones oculares. Si entra en el ojo, existe riesgo de úlcera corneal.
- Migración interna. En casos poco frecuentes, puede avanzar hacia el tórax y causar problemas pleurales o pulmonares.
¡Ojo! Un absceso por una espiga en un perro no siempre aparece inmediatamente. A veces se manifiesta varios días o incluso semanas después del paseo, con un bulto, una herida que supura o una cojera que va y viene.
¿Dónde se clavan las espigas? Zonas más habituales
Las espigas pueden engancharse en cualquier parte del cuerpo, aunque hay zonas más vulnerables: las patas, las almohadillas, los oídos, la nariz, los ojos y la boca. Los síntomas dependen del lugar por el que haya entrado la semilla, pero suelen aparecer de forma brusca después del paseo por una zona con hierba seca.
| Zona afectada | Síntomas más habituales | Nivel de urgencia |
| Patas y almohadillas | Cojera, lamido insistente, inflamación o bulto entre los dedos | Consulta veterinaria lo antes posible |
| Oído y oreja | Sacudidas de cabeza, rascado, dolor o cabeza ladeada | Urgente |
| Nariz | Estornudos violentos, sangrado nasal o frotamiento del hocico | Urgente |
| Ojo | Ojo cerrado, lagrimeo, enrojecimiento o dolor | Urgencia inmediata |
| Boca o garganta | Arcadas, tos, babeo o dificultad para tragar | Urgencia inmediata |
| Pulmón o tórax | Tos persistente, fiebre, apatía o dificultad respiratoria | Emergencia veterinaria |
Patas y almohadillas (espacio interdigital)
La espiga en la pata del perro es uno de los casos más habituales. Suele introducirse entre los dedos, en las almohadillas o en zonas cubiertas de pelo donde resulta difícil verla.
Las señales más frecuentes son:
- Cojera repentina.
- Lamido o mordisqueo insistente.
- Enrojecimiento entre los dedos.
- Dolor al apoyar la pata.
- Pequeño orificio en la piel.
- Bulto o inflamación interdigital.
- Secreción o pus.
“¿Cómo sacar una espiga de la pata de un perro?”. Si está completamente fuera, apenas enganchada al pelo y no ha perforado la piel, puedes retirarla con cuidado. Eso sí, si la punta ya ha entrado, no tires de ella ni explores la herida con pinzas. Podrías romperla y dejar una parte dentro.
El tratamiento de una espiga en la pata del perro dependerá de la profundidad. En algunos casos basta con retirarla y limpiar la zona; en otros se necesita sedación o una pequeña intervención para encontrarla.
Oídos y orejas
Una espiga en el oído del perro suele causar síntomas muy llamativos. El animal puede empezar a sacudir la cabeza de forma violenta justo después del paseo, rascarse una oreja o mantenerla ladeada.
También puedes observar:
- Dolor al tocar la cabeza.
- Quejidos.
- Inquietud.
- Enrojecimiento del oído.
- Secreción.
- Mal olor.
- Aparición posterior de una otitis.
Ni se te ocurra pensar en cómo quitar una espiga del oído de tu perro tú mismo. Nunca debes introducir pinzas, bastoncillos ni ningún otro objeto en su conducto auditivo, porque la espiga puede estar muy cerca del tímpano. Si intentas sacarla sin verla bien, podrías empujarla más hacia dentro o provocar una lesión.
Por tanto, si sospechas que tu perro tiene una espiga en la oreja, acude al veterinario cuanto antes. Cuanto más tiempo pase, más puede avanzar.
Nariz y fosas nasales
¿Tu peludo estornuda mucho e intensamente de repente, justo después de haber olfateado entre hierbas o arbustos secos? Puede que tenga una espiga en la nariz.
Los principales síntomas de una espiga en la nariz del perro son:
- Estornudos violentos y continuos.
- Frotamiento del hocico contra el suelo.
- Inquietud.
- Secreción nasal de un solo lado.
- Sangrado por una fosa nasal.
- Respiración ruidosa.
“Mi perro tiene una espiga en la nariz, ¿puedo esperar a que la expulse?” Aunque algunos perros pueden expulsar una espiga al estornudar, no debes confiar en que ocurra. Si los estornudos persisten o aparece sangre, necesita una revisión veterinaria.
Tampoco introduzcas pinzas en su nariz. La espiga puede desplazarse hacia zonas más profundas y resultar mucho más difícil de localizar.
Ojos
Cuando una espiga entra en el ojo de un perro, suele quedarse debajo de los párpados o clavarse en la superficie ocular. Es muy doloroso, así que requiere atención inmediata.
Puedes notar que tu peludo:
- Mantiene un ojo cerrado.
- Parpadea constantemente.
- Se frota la cara con la pata.
- Tiene lagrimeo abundante.
- Presenta el ojo rojo o inflamado.
- Rechaza la luz.
La espiga en el ojo de tu perro puede rasparle la córnea y provocar una úlcera. ¡No intentes retirarla! Evita que se rasque y llévalo al veterinario cuanto antes.
Boca, garganta y casos graves (migración a pulmón)
Las espigas también pueden entrar por la boca mientras el perro corre, juega o mastica hierba seca. Si se queda clavada en la garganta, puede provocar arcadas, tos, babeo, dificultad para tragar o movimientos constantes de la lengua.
“¿Cómo saber si mi perro se ha comido una espiga?” No siempre es fácil saber si un perro se ha tragado una espiga. Algunas pueden pasar al aparato digestivo sin causar problemas, pero otras quedan clavadas en la boca, las amígdalas, la garganta o el esófago.
Observa si aparecen síntomas como estos:
- Arcadas repetidas.
- Tos.
- Salivación excesiva.
- Rechazo de la comida.
- Dolor al tragar.
- Vómitos.
- Inquietud.
En casos más graves, una espiga puede atravesar tejidos y migrar hacia el tórax. Los síntomas de un perro con una espiga en el pulmón pueden incluir tos persistente, fiebre, decaimiento, dificultad respiratoria o pérdida de apetito.
La espiga en el pulmón no es frecuente, pero puede causar infecciones profundas, inflamación pleural o acumulación de aire o líquido en el tórax. Por eso, ante cualquier dificultad respiratoria, acude a urgencias veterinarias sin esperar.
Cómo saber si tu perro tiene una espiga clavada: señales de alarma
Muchas heridas por espigas en perros son difíciles de ver a simple vista. Incluso aunque encuentres el punto de entrada, la semilla puede haberse desplazado.
La principal pista es la aparición súbita de síntomas después de pasear por el campo, un parque con hierba alta o una zona seca. Cojera, estornudos, sacudidas de cabeza, lagrimeo, lamido insistente… pueden indicarte que hay una espiga clavada.
Presta especial atención si, al volver del paseo, observas alguna de estas señales:
- Empieza a cojear sin haberse golpeado.
- Se lame una pata de forma obsesiva.
- Tiene un bulto entre los dedos.
- Sacude la cabeza sin parar.
- Inclina una oreja hacia un lado.
- Se rasca el oído y se queja.
- Sufre estornudos violentos y repentinos.
- Sangra por la nariz.
- Mantiene un ojo cerrado.
- Tiene lagrimeo o enrojecimiento ocular.
- Presenta arcadas, tos o babeo.
- Está apático o tiene fiebre.
- Aparece una herida que no termina de curarse.
- Sale pus de un pequeño orificio en la piel.
Recuerda: los síntomas no siempre aparecen el mismo día. Una espiga clavada puede causar una reacción varias jornadas después, sobre todo si ha quedado bajo la piel.
Qué hacer si tu perro se clava una espiga (y qué NO hacer nunca)
Si sospechas que tu perro tiene una espiga, sigue estos pasos:
- Mantén a tu perro tranquilo. Evita que corra, se rasque o se lama la zona.
- Revisa su pelo y piel. Comprueba las patas, almohadillas, orejas y el resto del cuerpo.
- Retira las espigas superficiales. Solo si están sueltas y no han perforado la piel.
- Evita que se haga más daño. Usa un collar isabelino si intenta lamerse o rascarse.
- Contacta con tu veterinario. Explícale los síntomas y cuándo comenzaron.
¿Y qué es lo que no debes hacer?
- No tires de una espiga que ya está medio clavada.
- No metas pinzas en el oído, la nariz, el ojo o la garganta de tu perro.
- No uses bastoncillos.
- No aprietes un bulto o absceso.
- No explores la herida con agujas u objetos.
- No apliques alcohol, agua oxigenada ni productos irritantes.
- No esperes varios días si los síntomas son intensos.
¿Cómo la extrae el veterinario? Otoscopio, sedación y cirugía
El veterinario puede localizar la espiga con una exploración física y, según la zona afectada, utilizar un otoscopio, pruebas de imagen u otro instrumental. Muchas extracciones requieren sedación porque el perro siente dolor y necesita estar completamente quieto. Si la espiga ha migrado bajo la piel, puede ser necesaria una pequeña cirugía.
El procedimiento dependerá de dónde se encuentre:
- En el oído. Observa el conducto con un otoscopio y la retira con pinzas especiales.
- En la nariz. Realiza una exploración bajo sedación y, en algunos casos, una rinoscopia.
- En el ojo. Examina la córnea y el interior de los párpados, extrae la espiga y comprueba si existe alguna úlcera.
- En la pata. Explora la herida y, si ha migrado, abre la zona para localizarla.
- En la garganta. Revisa la boca, las amígdalas y la faringe, normalmente bajo sedación.
- En el tórax o pulmón. Requiere pruebas de imagen y un tratamiento más complejo, que puede incluir cirugía.
¿Y por qué se utiliza sedación con tanta frecuencia? Porque el oído, la nariz, los ojos y las heridas inflamadas son zonas muy sensibles. Si tu perrete mueve la cabeza o la pata durante la extracción, puede lesionarse o hacer que la espiga avance. ¡Así que mejor que esté dormido!
Además, la espiga puede romperse al manipularla. El veterinario debe comprobar si la ha retirado por completo y valorar también si existe una infección que requiera antibióticos, antiinflamatorios u otros tratamientos.
Como sucede con las picaduras de avispa o abeja en perros, actuar rápido reduce mucho el riesgo de complicaciones. Y si durante la revisión encuentras algún parásito, también puedes consultar cómo quitar garrapatas a un perro correctamente.
¿Cuánto cuesta sacar una espiga en el veterinario?
El precio de sacar una espiga a un perro depende sobre todo de la zona afectada y de si hace falta sedación o cirugía. Cuanto antes detectes el problema, más sencilla será la extracción y menor el coste del tratamiento. ¡Por eso es importante que no dejes pasar los días!
Por lo general, el coste de la extracción puede ir desde unos 40 a 70 euros si solo se necesita una consulta y la espiga está visible; de 120 a 250 euros si hay que sedar al perro para retirarla; y entre 180 y 600 euros si hace falta una rinoscopia, otoscopia o una intervención quirúrgica.
Si no quieres que una simple espiga se convierta en un gran problema para tu bolsillo, te recomendamos contratar un buen seguro médico para perros o un seguro veterinario, como los que te ofrecemos en Kalibo. ¡Así podrás afrontar este tipo de imprevistos con mucha más tranquilidad!
Cómo prevenir las espigas: revisión, corte de pelo y zonas a evitar
¿La mejor forma de evitar problemas con las espigas? Revisar a tu perro después de cada paseo, ¡sobre todo en verano! Aunque no siempre es posible prevenirlas, sí puedes reducir mucho el riesgo si sigues estos consejos:
- Revisa las patas, almohadillas, orejas, ojos y hocico de tu amigo al volver a casa.
- Córtale el pelo en verano, sobre todo si lo tiene largo, y especialmente el que tiene entre los dedos y alrededor de las orejas.
- Evita, siempre que puedas, pasear por campos con hierba seca o vegetación alta.
- Si hacéis rutas por el campo, usa protectores o accesorios antiespigas para perros.
Y recuerda: si detectas una espiga, no esperes a que el problema vaya a más. Acudir al veterinario cuanto antes es la mejor forma de evitar complicaciones.
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