Hoy Ona se ha marchado

Miércoles, 4 Diciembre, 2019

Una enorme historia vital entre una mascota y su familia

Aunque de pequeña me daban miedo los perros, a los 12 años me ofrecieron un cachorrín que vivió conmigo 15 años y medio. Lasi, una preciosa pequinesa que siempre estará en mi corazón. Ella falleció en Diciembre de 2002 y me juré a mí misma que nunca volvería a tener otra perra. Lo pasé muy mal.

En enero de 2003 seguía muy triste y decidimos adoptar un perrito. Nos pusimos a mirar protectoras cercanas y llegamos al centro de protección “Fundación el Arca de Noé” y nos atendió su fundadora Yolanda Ruiz.
Me fue enseñando los perritos que buscaban hogar, pero ninguno captaba nuestra atención. Unos ladraban y otros saltaban, hasta que apareció una perra de color marrón clarito que nos vino a saludar. Tenía las patitas y la puntita del rabito blanco, la cara blanca albina, un ojo y una oreja marrón. Le acercamos la mano y se puso a gimotear y a darnos besitos a mí y a mi marido y, en ese momento, hubo estrellas, chispazos,… nos miramos los tres y dijimos…. ¡ésta!

La sacamos de la protectora a nombre de mi marido. Él la trajo a casa y nada más verme se subió a mis piernas.Los primeros días fueron difíciles, venía con muchos miedos: los coches, las bolsas de plástico, la escoba, … al principio reculaba y era imposible sacarla pero poco a poco fue cogiendo confianza y le empezó a gustar salir a la calle, al campo, el mar, los ríos, de acampada….
Ona llegó en febrero y me embaracé al mes. Se colocaba a mi lado en el sofá, ponía su oreja, según fue creciéndome la tripa la rodeaba con sus patas. Fue una fiel guardiana de mi hija, siempre ha tenido un gran sentido de protección; venía a buscarme siempre cuando ella se movía o despertaba.

Fuimos muy felices hasta 2006 cuando a mi marido empezó a “molestarle” ciertas cosas como que durmiera en la cama y un día la empujó y la partió la ceja…
Mi matrimonio se convirtió en un infierno…. Amar fue el principio de la palabra Amargura . Cuando nos divorciamos todo se complicó. Lo que iba a ser de mutuo acuerdo... no pudo ser. A Ona se la llevó a casa de sus padres y legalmente no pude hacer nada por recuperarla, pues estaba a su nombre.

Pasaron 10 meses y un día decidió llevarla a la Protectora. En el contrato de adopción ponía que no se podía ni dar ni regalar, ni vender, cualquier cosa había que comunicarlo a la protectora por ser un perro protegido por la Comunidad de Madrid. Él la dejó allí con el pretexto de que se había vuelto agresiva. Me avisaron desde la protectora de que Ona estaba con ellos. El reencuentro fue tan bonito que Yolanda me dijo: “Ahora sé quién es la verdadera dueña del perro, si no es porque he visto el estado en el que ha llegado y cómo te ha recibido, diría que no es la misma perra.”

Ona y yo, siempre juntas, ya nadie nos podría volver a separar.

Fueron muchas las aventuras que vivimos… pero ella se iba haciendo mayor y en 2014 la diagnosticaron caudal equino (estrechamiento del agujero intervertebral), lo que en el futuro le produciría parálisis de las patitas, y así fue. Metía las patitas traseras para dentro, las cruzaba, las uñas las tenía desgastadas y sangraban, por eso le ponía patucos para que no le rozara nada y, cuando veía que le costaba andar, la ponía en la silla de ruedas adaptada para ella por un amigo de Galicia.

Durante años estuvimos con una compañía de seguros que ofrecía muchas ilusiones y pocas realidades, hasta que conocí Kalibo, donde pagas lo justo por el servicio que ofrece. Ellos se preocupan de los animales y de sus dueños. Ona, al ser catalogada como perro potencialmente peligroso (PPP), tenía que tener un seguro obligatorio de Responsabilidad Civil.

Ona estaba bastante bien andando con sus patucos o en su sillita de ruedas sin ayuda. Este verano estuvimos paseando a su ritmo por donde todos los veranos, ya no se quiso meter en su río preferido, pues el año pasado la corriente se la llevaba y me tuve que tirar a por ella (creo que se acordaba y no quiso meter ni las patitas). El jueves 18 de Julio le vi un tumorcillo en el párpado y ese viernes nos veníamos a Madrid y la primera parada fue al veterinario,que confirmó su tumor de las glándulas de meibomio, por eso le sangraba el párpado. Había días que estaba a 10 respiraciones por minuto. Llevaba una vida muy tranquila, últimamente sólo quería estar en su colchoneta, ya no se levantaba…

No la vi sufrir, ni tener dolor, pero sabía que se acercaba su final, sólo quería darle besitos a mi hija. Ella ya no está con nosotros desde el 29 de Noviembre. El vacío que nos ha dejado es inmenso, un silencio, un dolor en el corazón que será difícil llenar. Pero también sabemos que cruzó el arcoiris contenta, llena de amor, recibiendo todos los cuidados posibles y nosotros nos quedamos sabiendo que hemos hecho todo lo posible por ella.

Magdalena García

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